Empieza, ahora sí, la era Sampaoli

Una vez pasado el susto tras verle las orejas al lobo de la eliminación y haber conseguido  de forma agónica la clasificación para el mundial de Rusia, Jorge Sampaoli debe ahora cambiar definitivamente el chip mental, olvidar el estado de urgencia en el que asumió como técnico de la selección argentina y centrarse en la planificación y preparación de la cita mundialista. Eso último parece una obviedad pero no lo es, en el sentido de que las referidas planificación y preparación deben hacerse de manera radicalmente diferente a las llevadas acabo hasta la fecha. Es decir, Sampaoli debe decantarse cuanto antes por un esquema de juego bien definido y por los jugadores que considera los más aptos para interpretarlo.

A diferencia de lo que le sucediera con Chile y más recientemente con el Sevilla, Sampaoli se hizo cargo del combinado argentino cuando éste se encontraba en una situación muy comprometida y casi sin tiempo para desarrollar su metodología de trabajo. El equipo se deslizaba velozmente por la pendiente descendiente y el nuevo entrenador, en lugar de mandar parar y estabilizarlo todo, decidió pisar a fondo el acelerador y que sea lo que fuera.

Ante la mirada (expectante al inicio, azorada y al borde del ataque de pánico al final) de los hinchas argentinos, Sampaoli se lanzó a una carrera frenética. Convocó a decenas y decenas de futbolistas, tanto del medio local como del extranjero; ensayó innumerables esquemas de juego; ejerció de barrabrava descontrolado junto a la línea de cal en cada partido jugado; sumó colaboradores de todo tipo a su cuerpo técnico -drones incluidos-; se prodigó en las redes sociales y hasta se encargó de la música que debía sonar en el estadio cuando se jugaba de local. Quiso abarcar mucho y apretó poco. Y menos mal que por allí andaba Messi.

Poco conocido en su país y con el sambenito de vendehumo que le colocaron aún antes de estrenarse, quizá Sampaoli quiso reivindicarse y demostrarle a todos que es un hombre de fútbol, que sí sabe de qué va esto y que en él conviven el hincha apasionado y el DT erudito capaz de manejar con igual soltura todo tipo de fórmulas de juego. Quiso construir un equipo versátil pero acabó edificando un conjunto esquizofrénico cuyos jugadores nunca supieron exactamente a qué jugar, a excepción de Messi, que siempre sabe a lo que juega, se siente quien se siente en el banquillo.

No se pueden criticar las buenas intenciones de Sampaoli ni su actitud “proactiva”, como se dice ahora. Pero parecer inconformista, creativo, trabajador, flexible y de mente abierta no alcanza para serlo ni tampoco arroja resultados porque sí.

Pep Guardiola, un técnico que podría decirse que se mueve en la misma órbita que Sampaoli, dispuso en su primera temporada en el Manchester City de un plantel repleto de figuras con las que trabajó de manera obsesiva a lo largo de toda la temporada. El resultado fue que, por primera vez en su carrera, Guardiola acabó el año sin ganar nada y a punto estuvo de no clasificar para la Champions League, lo que hubiese sido un fracaso mayúsculo. Y es que propuestas tan ambiciosas como las de Guardiola o Sampaoli requieren, sobre todo, de tiempo e intérpretes adecuados para llevarlas a cabo.

El entrenador argentino dispone ahora de algo más de tiempo pero tampoco demasiado. Rusia está a la vuelta de la esquina y el calendario es el que es. Sampaoli debería reducir el número de convocados y llamar solamente a aquellos cuya presencia en el mundial cree realmente necesaria, sean quienes sean, gusten más o gusten menos a la gente y a la prensa. Y sería bueno también que definiera claramente a qué quiere jugar. No hay tiempo para demasiados experimentos.

Obviamente, la lista de futbolistas y el patrón de juego del equipo admiten variantes y alternativas, pero deberían ser las mínimas. A estas alturas cuanto menos dudas al respecto tenga el entrenador más claro y más fácil será para unos futbolistas que, sobreestimulados y sobreinformados, han vivido los últimos meses en un estado de confusión y estrés evidentes potenciados por el peligro real de la eliminación.

Sampaoli ha demostrado no ser un gran piloto de tormentas. Pero la tormenta ya pasó. Y es ahora cuando puede y debe demostrar que el prestigio que se labró y lo llevó a ocupar el puesto de seleccionador de Argentina no fue por casualidad. Tiene el crédito abierto. Después de todo allí donde ha tenido tiempo ha conseguido buenos resultados.

Roma no se construyó en un día pero Moscú, quién sabe… Es ahora cuando empieza, verdaderamente, la era Sampaoli.

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