Reíd, pringaos, reíd

En España el gobierno, sea del color político que sea, ya se la puede meter redoblada a la gente que nunca será derrocado mediante una algarada popular. Jamás de los jamases. Cuanto mayores son los excesos que cometen los gobernantes, más pueriles se vuelven las formas de resistencia ciudadana. Los poderosos lo saben y por eso están tan tranquilos. Y es muy normal y lógico que así sea, viendo cuál es el percal.

De un tiempo a esta parte, las protestas populares españolas se caracterizan por coreografías y bailes masivos con manifestantes que llevan nariz de payaso, pelucas de toda clase y, a veces, hasta van subidos en zancos, como si se tratase de la troupe de un circo que visita la ciudad. La figura del tipo con pasamontañas lanzando incansablemente piedras y cócteles molotov a los antidisturbios porque su desesperante situación vital le obliga a ello ha ido perdiendo terreno frente a aquellos que, pese a ser conscientes de que su país se está yendo al carajo, ven toda manifestación colectiva como un inmenso happening artístico.

Esta semana un grupo de resistencia, tan aguerridos ellos, convocó a la población a congregarse frente a las sedes del PP para exigir la dimisión del presidente Rajoy, quien se halla en la cuerda floja por el caso Bárcenas, un escándalo de financiación ilegal que amenaza con destruir los cimientos de su partido y que posiblemente se quede sólo en eso, en amenaza. A los pretendidos antisistema, amantes de las metáforas facilonas, no se les ocurrió mejor cosa que hacer una barbacoa colectiva, por aquello de asar a los chorizos (ladrones, en el argot popular) que gobiernan el país. Alguien debería decirles que con actitudes así no se desaloja ni a un trastabillante borracho de un bar a la hora de cierre.

Es universalmente sabido que a los gobiernos se los echa con asados.

Es universalmente sabido que a los gobiernos se los echa con asados.

Por si fuera poco un publicista y un diseñador gráfico, uno de Madrid y otro de Barcelona, decidieron, cual héroes de tebeos, dejar a un lado la tradicional animadversión autonómica y unir sus fuerzas para plantarle cara al sistema todo y a los desaprensivos que lo dirigen. ¿Es que han decidido repartir armas entre la población? ¿Han formado milicias ciudadanas para hacer la revolución? ¿O tal vez han recuperado la vieja costumbre francesa de sacar a pasear la guillotina? No. Nada de eso. Lo que han hecho ha sido poner en marcha, ajústense los cinturones, la Risastencia: la risa como resistencia.

“La risa es sana y, además, es un arma. Es efectiva y es un elemento de unión”, explicó uno de los fundadores del ¿movimiento? (iba a poner directamente “el imbécil al que se le ocurrió la chorrada ésta”, pero preferí no hacerlo). También pensé pegar y analizar otras perlas de los cráneos que idearon esto pero me resultó imposible: todo el asunto me irrita demasiado, tanto que me dan ganas de agenciarme un lanzallamas y visitarlos durante su próxima quedada. Dejo este enlace por si alguien quiere descender a los infiernos de la estulticia y conocer más de esta movida.

¿Se imaginan a los palestinos promoviendo una Intifada de la risa para frenar la violencia del ejército israelí? ¿O a Fidel Castro, el Che Guevara y demás rebeldes riendo a mandíbula batiente para derrocar a Batista en Cuba? ¿O a los de la Resistencia carcajeándose en la cara de Hitler para frenarle los pies a los invasores nazi? ¿A que resulta absurdo? Pero, amigos míos, hasta en esto Spain is different.

En Brasil, en lugar de recurrir a la Risastencia, la gente se echó a la calle (e incluso al mar), se enfrentó a la policía y consiguió parte de lo que reclamaba.

En Brasil, en lugar de recurrir a la Risastencia, la gente se echó a la calle (e incluso al mar), se enfrentó a la policía y consiguió parte de lo que reclamaba.

Hay algo que no acaba de funcionar en este país entre quienes se consideran contestatarios e inconformistas. No es posible que personas adultas, de distintos estratos sociales y en su mayoría con estudios, crean que con unos pocos gestos van a conseguir transformaciones profundas. Llevar un día al año la camiseta puesta del revés no logrará un comercio más justo, del mismo modo que pasearse desnudos por la ciudad no acabará con las corridas de toros y, desde luego, juntarse en una esquina a reír con los colegas no asustará a Rajoy ni tampoco obrará el milagro de convertir a los operadores de la bolsa en filántropos que luchen por las buenas causas.

Con el gobierno de Rajoy recortando de manera salvaje lo que tantas décadas, esfuerzos y vidas costó conseguir, a un par de idiotas no se le ocurre nada mejor que ponerse a reír como subnormales al tiempo que una panda de impresentables se carga el presente y el futuro de millones de personas. Lo peor de todo es que tienen seguidores.

Los que a buen seguro se deben estar descojonando con esto de la Risastencia y las barbacoas son los políticos, banqueros, empresarios y demás mandarines. Si hacen un poco de silencio y agudizan el oído es posible que logren escuchar el eco de sus risas.

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