Estampas argentinas (II) – Corrientes

Siempre me gustó ver Corrientes desde el puente que la une con la vecina provincia del Chaco. Desde arriba, viniendo del lado chaqueño, lo primero que atrapa la atención de quien mira es el río Paraná. No digo llama ni atrae la atención, digo atrapa, porque eso es lo que hace, sin dejar opción alguna a la mirada indiferente, tal es la majestuosidad de esta vía de agua, la tercera más larga del mundo y que tan inverosímil resulta cuando uno le quiere describir a algún europeo su anchura, el tamaño de los peces que alberga o los maravillosos atardeceres que se pueden apreciar desde sus orillas.

Cuando se alcanza el punto más alto del puente General Belgrano y el camino comienza ya a descender en ligera pendiente, la ciudad se despliega al frente como un tapiz punteado de casas, edificios en altura (cada vez más, cada vez más altos), árboles de ramas y copas frondosas, calles y avenidas trazadas en perfecta cuadrícula, recordando que los principios urbanísticos contenidos en las Leyes de India son, probablemente, el legado más perdurable – junto con el idioma castellano- de los conquistadores del imperio español que llegaron al nuevo mundo. A medida que se va descendiendo se puede apreciar de mejor manera la costanera, un gozoso paseo que discurre a la vera del río y que hace unos años ha sido ampliado, aumentando todavía un poco más el orgullo que los correntinos, en su mayoría, sienten por esta zona de la ciudad.

Visto a lo lejos y desde la altura el panorama resulta bastante sugerente. Pero ya a ras del piso, cuando el puente y la costanera han quedado atrás y se empieza a recorrer la ciudad, las cosas cambian. Corrientes no es toda costanera (ninguna ciudad lo es).

Corrientes, vista desde el puente General Belgrano. (Foto: paisajesguillermos.blogspot.com.es)

Corrientes, vista desde el puente General Belgrano. (Foto: paisajesguillermos.blogspot.com.es)


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“Está linda Corrientes”. Esta elogiosa frase la escuché repetidas veces y no en boca de turistas ni de correntinos que llevan largo tiempo viviendo fuera sino pronunciada por gente de la ciudad. La costanera nueva (que tan nueva tampoco es pues fue inaugurada hace ya cuatro años) y el reciente reasfaltado de unas cuantas calles del centro fueron señalados, invariablemente, como las razones principales que provocaban los piropos sobre la capital provincial.

Reasfaltar, como la propia palabra lo insinúa, consiste básicamente en echar una capa de asfalto, más o menos gruesa según se estime necesario, sobre calles previamente asfaltadas. Hablamos de algo elemental. No es lo mismo que asfaltar de cero. No se lo puede comparar, por ejemplo, con la operación consistente en transformar un lodazal – con sus correspondientes instalaciones para agua potable, cloacas y alcantarillado y entubados para cableados varios – en prolijas calles con aceras, semáforos, postes de luz, árboles y diverso mobiliario urbano. Reasfaltar seguramente tiene sus dificultades pero en ningún caso se trata de alta ingeniería ni es tampoco una tarea equivalente a la construcción de las pirámides egipcias.

El alabado reasfaltado de las calles correntinas, eso sí, era sumamente necesario. La experiencia y las sensaciones de circular por el centro son ahora más agradables. Y es que las calles estaban en un estado tan deplorable que parecían haber soportado un bombardeo masivo, cosa que afortunadamente nunca sucedió. Es, por tanto, un punto a favor de la actual gestión municipal que ha hecho lo que otras administraciones sólo prometieron hacer o ni siquiera se llegaron a plantear.

Con todo, reasfaltar un buen puñado de calles céntricas y ampliar cien metros una peatonal (acto que al parecer supuso tal hito para el urbanismo moderno que ameritó la presencia del vicepresidente de la nación el día de la inauguración) no parecen logros tan significativos como para catapultar a un intendente al gobierno de la provincia, tal como podría ocurrir con Camau Espíndola, el ex windsurfista reconvertido de la noche a la mañana en intendente y probable próximo gobernador. Después de todo se supone que el cometido de quien rige una ciudad – y para lo que le pagan – es el de mejorarla o al menos mantenerla cuidada.

Camau ha hecho algunas cosas – tampoco demasiadas aunque sí significativas – en ese sentido. La magnitud de sus logros y aciertos están dados no tanto por su calidad o su cantidad sino por el estado como de semiabandono en el que se encontraba la ciudad. Se había desmejorado tanto Corrientes y fue tan poco lo que las administraciones anteriores hicieron por la ciudad que con reasfaltar unas cuantas calles y agregarle cien metros más a la peatonal Junín a Camau ya le bastó para disparar su popularidad y lograr el aprobado general de la población.

Si a lo expuesto antes le sumamos la renovación que se está acometiendo de la costanera original y la recientemente reformada Plaza Cabral (mucho más funcional y atractiva que antes) ya hasta parece que la ciudad se le queda chica a Camau y que debe dar el salto inmediato a la gobernación. Que reúna la preparación necesaria para gobernar una provincia, lo cual viene a ser algo un poco más complejo que llevar sobre el agua una tabla y una vela con viento en contra, ya importa menos. Si su cara aparece en un afiche es que está habilitado para ser votado. Y la verdad que con eso basta. Y así nos va también.

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“Está linda Corrientes”, dije antes que decían. Sería de necios negar que el reasfaltado ha mejorado el aspecto del centro y que los cien nuevos metros de peatonal se han integrado perfectamente con la plaza recién renovada, pero bastarse con eso para decir que toda la ciudad “está linda” es cosa muy distinta. El casi medio millón de personas que vive en Corrientes no tiene el privilegio de hacerlo sobre la costanera ni entre las cuatro avenidas principales. Fuera de esta zona delimitada empieza el caos. O mejor dicho, se profundiza, porque tampoco es que lo otro sea una maravilla.

Calles y avenidas: un lunático trazando líneas sobre los planos

Hay calles y avenidas correntinas que bien podrían ser las de cualquier ciudad de Irak o Afganistán. Las hay que parecen haber sido trazadas sobre el plano por alguien con el pulso severamente afectado por el Parkinson, por un gracioso, un malvado o un gallego de chiste. ¿Saben de esa avenida de doble mano que de pronto se queda con un solo carril mientras el otro queda como estaba antes, un mero pedazo de tierra cubierta de pasto reconvertido en estacionamiento improvisado? ¿O de esa otra calle que fue reasfaltada pero que en el único tramo que tiene dos carriles uno quedó poceado, tal como estaba, y a nivel más bajo que el otro? ¿O de esa vía que en lugar de ir en línea recta hace de repente un quiebre inverosímil e innecesario? ¿O de aquella que comienza con la vereda a su misma altura y que, 250 metros más adelante al llegar a una intersección, está medio metro por debajo del nivel en el que se inició y provoca que siempre haya agua acumulada y que la gente deba subir escalones para seguir caminando por el lado de enfrente?

Veredas sólo para valientes

Entender el porqué del estado y la composición de las veredas correntinas es una tarea casi tan difícil de desentrañar como el origen del universo. Si a lo largo de una cuadra hay, pongamos, diez propiedades (casas, locales comerciales, talleres de reparación, lo que sea), son muy altas las posibilidades de que haya diez tramos diferentes de vereda, diez tramos en los que los materiales, las alturas y el estado de conservación sean absolutamente diferentes unos de otros. Cada tramo de vereda, al menos en la práctica, corresponde al dueño o al que usufructúa la propiedad, quien tiene bula para hacer sobre ella lo que le venga en gana.

Si a lo anterior le sumamos las infaltables roturas (no hay en toda la ciudad una sola vereda que no muestre alguna. Prueben de encontrar una que esté impecable) o las pésimamente resueltas rampas para “facilitar” el tránsito de quienes van en silla de ruedas, tenemos un perfecto campo de entrenamiento para quienes se dedican a las carreras con obstáculos. Pero aparte de que deben de ser muy pocos los que se dediquen a esta modalidad deportiva en Corrientes, se supone que las veredas están destinadas para el tránsito, cómodo y placentero a ser posible, de quienes van a pie.

Basural en medio de la vereda, interrumpiendo el paso.

Basuras y escombros en medio de la vereda, interrumpiendo el paso.

Toda una invitación a pasear con la abuela y los niños en una mañana soleada.

Toda una invitación a pasear con la abuela y los niños en una mañana soleada.

Ir con muletas, en silla de ruedas o sacar al nene a pasear en el carrito se vuelve harto complicado. Por muchas rampas (mal hechas, para colmo) para discapacitados que haya en las esquinas, poder desplazarse por unas veredas con cinco o seis variantes de altura de una esquina a otra exige no una silla de ruedas convencional sino un vehículo 4 x 4 o el empuje de un forzudo de circo.

Luego están también los improvisados depósitos de basura o de escombros que algunos considerados vecinos tienen a bien depositar en plena vereda. Así, no es de extrañar que en los barrios la gente prefiera caminar, con los riesgos que supone, directamente por la calzada.

En mi caso, creo que la fascinación que siento por las ciudades con veredas amplias, cuidadas y prolijas y el interés por cuestiones relacionadas con el urbanismo se debe a que crecí en una ciudad donde buena parte de las cosas se hacen en sentido directamente opuesto a lo que indica la lógica urbanística aceptada.

¿Rampas o trampas?

¿Rampas o trampas?

¿Para qué caminar por unas veredas impracticables cuando tenemos toda una avenida para hacerlo?

¿Para qué caminar por unas veredas impracticables cuando tenemos toda una avenida para hacerlo?


Basuras, mobiliario urbano made in Corrientes

Una de las cosas que más me llamó la atención fue la cantidad de basura acumulada en las calles. Moviéndose por la ciudad uno podía encontrarse con situaciones que tenían bastante de apocalípticas y resultaban desasosegantes no sólo por razones estéticas sino por la degradación y el  serio riesgo para la salud pública que representaban.

La gente se acostumbró con sorprendente naturalidad a vivir rodeada de desperdicios. Tanto que resultaba frecuente ver cómo muchos se sentaban cómodamente a conversar e incluso a tomar mate o tereré, con sus correspondientes bizcochitos/facturas/galletitas/chipacitos, a escasos metros de pilas de basura, con toda la peste y las bacterias y las moscas alrededor, dotando a esas escenas de un marco propio de una ciudad arrasada por un tsunami o un terremoto, aunque en Corrientes no existe la posibilidad de que ocurran tales desastres naturales. Es decir que no le podemos echar la culpa de semejantes estampas a la Madre Naturaleza ni tampoco al FMI, a los yanquis o a los Kirchner. Los responsables de que la ciudad se parezca a un estercolero son los propios habitantes de la ciudad (a excepción, claro está, de quienes se comportan civilizadamente).

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En una ciudad con una climatología como la correntina, donde el calor y la humedad reinan la mayor parte del año, un “mobiliario urbano” consistente en toneladas de residuos esparcidos por todas partes exige una fuerte campaña de concientización, control y sanciones. La administración de Camau ahora ha empezado a hacer algunas cosas, como poner contenedores en los barrios. Algo es algo, pero queda muchísimo por hacer.

Nada como juntarse con las amigas a charlar bien cerquita de la basura.

Nada como juntarse con las amigas a charlar bien cerquita de la basura.


Las rejas en las casas

Desde el gobierno nacional repiten, como si fuese un mantra, que no hay inseguridad en el país. Apenas si se trata, aseguran, de una sensación artificial inventada por los medios de comunicación opositores, que al parecer no tienen nada mejor que hacer.

Quien recorra los barrios de la ciudad, desde los más pudientes a los más humildes, podrá constatar que prácticamente no hay casa ni casucha que no tenga una reja, un alambrado o un cercado de madera o tacuaras para proteger puertas, ventanas y portones. El observador también notará que los muros de las casas se han ido haciendo más y más elevados, rematados muchas veces con alambrado de púas y trozos de vidrio incrustados para dificultarle la faena a quienes quieran trepar por ellos. El número de viviendas, locales comerciales, talleres y otras propiedades protegidos con sistemas de alarma también ha experimentado un notable aumento así como se ha vuelto habitual tener que pagarle a alguien (los conocidos “trapitos”) para que no te roben o rompan el coche que tenés estacionado en la puerta de tu propia casa.

Parecen demasiadas precauciones para algo que supuestamente es una simple “sensación” pero ¿quiénes somos para contradecir al gobierno de la Nación que nos dice que las cosas son distintas a las que vemos y de las que nos enteramos cada día?

Incluso quienes defienden al gobierno a rajatabla y lo dan todo en las discusiones defendiendo la tesis de que se trata sólo de una sensación de inseguridad tienen sus casas bien cubiertas de rejas y con doble o triple cerradura, dejando en claro que ni ellos se creen las consignas que tan efusivamente repiten. Y es que una cosa es ser un militante aplicado y otra muy distinta es ser idiota.

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Caballos y más caballos

Recuerdo que en mi anterior visita había quedado impactado al ver la cantidad de perros que vagaban libremente, a menudo en grupo, por las calles de la ciudad, incluidas las del centro. Mi estupor ante esto me costó no pocas acusaciones de exageración por parte de amigos hasta que una noche, cuando justamente defendíamos cada uno nuestras posturas sobre este tema delante de una cerveza en un kiosko del puerto, un grupo de siete perros callejeros desfiló delante de nosotros hasta en dos ocasiones, respaldando mi punto de vista.

Ahora la situación sigue siendo más o menos la misma, sólo que en lugar de perros tenemos caballos. Sí, caballos. Equinos de variado tamaño, en ocasiones de aspecto famélico y enfermizo, se pasean como si nada por calles y avenidas, comiendo de la basura o arrancando el pasto que encuentran a su paso en veredas, parterres y plazas. El paisaje urbano ha incorporado a este animal como un habitual más.

Junto a los montones de inmundicia esparcidas por todas partes, el tráfico descontrolado, los perros y los caballos cruzando por aquí y por allá, moverse por Corrientes por momentos se asemeja a hacerlo por alguna ciudad de la India.

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La pequeña Pisa

La cantidad de postes de luz y teléfono torcidos, algunos de ellos a punto de venirse abajo sobre viviendas y peatones, es alarmante y supone un altísimo riesgo para la integridad de los habitantes. Sin embargo ahí siguen, como si nada. Total, tenemos costanera nueva y las calles del centro han sido reasfaltadas.

Si finalmente alguien en la municipalidad decide hacer algo al respecto, la de “enderezador de postes” se perfila como una profesión con mucho futuro.

Poste sobre árbol (madera sobre madera, técnica mixta). Esto es arte.

Esto sí que es arte: Poste sobre árbol (madera sobre madera, técnica mixta).

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“Está linda Corrientes”. ¿Está linda Corrientes?

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3 respuestas a Estampas argentinas (II) – Corrientes

  1. Federico dijo:

    (Sigo. Que no me dejaba en el comentario anterior).
    Te felicito por tu forma de escribir. Tus descripciones claras y tu cuota irónica dan gusto. Te mando un abrazo. Hasta cualquier momento.
    Fede.

    • momiallica dijo:

      Hola Federico: gracias por haberte tomado el trabajo de leer los textos y por dejar comentarios. También a mí, como bien señalás que te pasa a vos, me molesta la apropiación que hace el gobierno de ciertas causas. Me molesta, sobre todo, el relato ficcional que han impuesto y que muchos aplauden, y la división que han propiciado en la gente. Y, sobre todo, me preocupa la ligereza moral instalada en buena parte de la sociedad. Lo que en algunos criticábamos duramente, en otros ahora perdonamos e incluso alentamos y festejamos (el tema de la corrupción es el más claro). Como se dice en España, con estos mimbres es fácil suponer que no vamos a construir una futura sociedad virtuosa. De estos polvos vendrán lodos que poco tendrán de buenos.
      Después de 10 años en Barcelona supongo que ya hablarás catalán, o lo entenderás muy bien. Yo llevo 12 años en Valencia y lo entiendo bastante, aunque acá no hace falta hablarlo (por suerte, jeje).
      En cuanto a algunos blogs, hay uno que me gusta mucho, que hace poco lo incorporó el Diario Perfil. Se llama Relato del presente. Y si bien es anti k, no es pro ningún otro y todo lo que escribe no es gratuito, sino con mucho sentido. Y el tipo hace un uso de la ironía y el sarcasmo muy bueno.
      Te dejo también el blog de un conocido (http://mevuelvoaargentina.blogspot.com.es/), quien después de varios años en Valencia con su mujer, decidió volverse a Argentina. Un año después, estaba de vuelta en Valencia. Tiene muchas entradas interesantes y, para los que llevamos años por acá, hay muchas cosas de las que cuenta con las que es fácil sentirse identificado.
      Un abrazo.

  2. Federico dijo:

    Hola, qué tal? Descubrí tu blog a través del blog de Caparrós, en El País. Coincido bastante con tu visión de la actualidad argentina. Me molesta este maniqueísmo K / ani K que se instaló en estos últimos años. Políticamente me defino más bien de izquierdas (en plural, como dicen acá) aunque intentando tener una visión amplia, sensata y realista. Quizá por eso me duele más que este gobierno se apropie de cierto discurso izquierdoso. Que la oposición de derechas (Macri y aliados -políticos y económicos-) sea muy mala, incluso peor que los “K”, no los hace a ellos buenos (puro razonamiento lógico).
    Algunos avances sí le puedo llegar a reconocer a este gobierno. La política de Derechos Humanos -aunque con críticas- y la intervención del Estado en el economía -también con críticas-serían, para mí, los aspectos más rescatables.
    Soy argentino y vivo en España, en Barcelona, hace 10 años. A pesar de vivir lejos, siempre me interesó lo que pasa en Argentina, a veces con dolor, a veces con nostalgia, algunas con alegría también.
    ¿Sabés de algún blog, web, medio, de información, opinión o debate, que no caiga en esta lógica K – antiK? Que no sea pura propaganda, que sea un análisis intelectualmente honesto.
    TE mando
    T

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