Fútbol y filosofía contemporánea

En el sitio en el que trabajo por las mañanas, esta semana se organiza un encuentro de tres días con Simon Critchley, un filósofo inglés afincado actualmente en New York donde dirige el departamento de Filosofía de la New School for Social Research de New York. Viene a Valencia para impartir un seminario sobre metafísica y filosofía contemporánea.

Critchley es autor, entre otros muchos, de libros como Muy poco, casi nada, El libro de los filósofos muertos, Sobre el humor o La fé de los sin fé. Como se ve, Critchley es una referencia destacada del pensamiento dentro del panorama internacional. Pero, además, es un fanático del fútbol. De hecho, dice que el único sentimiento religioso que alberga es el que siente por su amado Liverpool.

Buscando información sobre Critchley, di con esta reciente entrevista en la que, además de referirse al juego que practica el Barça (“juegan como en red. Es un sistema precioso. Una red móvil, nodal”), hace la misma observación que hacía en este blog antes de la final del mundial de Sudáfrica, aquella en la que remarcaba que España representaba el tradicional fútbol holandés mientras que Holanda hacía otro fútbol y que, por esto, esperaba yo que ganaran los españoles, cosa que bien saben todos terminó ocurriendo.

Simon Critchley, filósofo y ¿lector de A ras del piso?

Este es un tema del que hemos hablado (y seguimos hablando) largamente con mi amigo Alejandro Carbó. Ahora, encima, podemos decir que tenemos al filósofo Simon Critchley de nuestro lado. No está mal para fardar un poquito.

Traduzco el parrafo de Critchley en el que habla de fútbol: El Barça encarna cierto nacionalismo catalán, el cual se opone al Real Madrid, el equipo de Franco. La guerra civil española se juega en el terreno futbolístico cada semana, eso lo sabemos todos. El Barça ha sabido adoptar con éxito la fórmula del fútbol total. Tengo una gran historia futbolera: el día siguiente a la final del último mundial, cuando los españoles derrotaron a los holandeses, fui a Holanda porque tenía que dar clases en Tilburg. Me encontré con un muy buen amigo holandés con el que he visto fútbol muchas veces. Y le dije, “Bueno, perdieron”. Y él me dijo, “No, no, ganamos”. Los españoles juegan al estilo holandés, así que lo que triunfó en esa final fue el fútbol holandés desarrollado en la década de los 70. Y los holandeses no jugaron ese fútbol holandés en el mundial. Jugaron un estilo de fútbol más alemán o inglés, un fútbol muy físico. Por lo tanto los holandeses no perdieron, se suicidaron.

Y esto es lo que escribía yo en el blog allá por julio de 2010: Por todo esto quienes durante años hemos tenido a Holanda como la selección comodín, esa a la que esperamos que le vaya bien y que anhelamos que alguna vez el fútbol le conceda la gloria tan merecida, disfrutamos tanto de las victorias del Barcelona de Pep Guardiola y de la selección española de Vicente Del Bosque, mucho más holandeses que los propios holandeses y verdaderos guardianes del tarro de las esencias de aquella Naranja Mecánica de los años 70, reencarnada en la Taronja Blaugrana y en la Roja Mécanica de este inicio de siglo.

Si quieren profundizar más en esta línea, dejó acá dos enlaces de aquellos días:

Holanda y España, a un paso de la gloria
España campeona del mundo: un triunfo merecido y necesario

 

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