River en la B. ¿Y ahora qué?

Como era esperable dado el nivel de juego demostrado por el equipo en los últimos años y la deriva institucional seguida por un club en estado calamitoso, River Plate consiguió hacer realidad lo que hasta hace bien poco parecía imposible : descender a la segunda división del fútbol argentino.

No puede decirse que no hubo avisos suficientes, que la situación pilló por sorpresa al club y al equipo. No se trató de un un accidente o de una mala racha. River tuvo todo el tiempo del mundo para evitar lo que de momento es el punto más bajo de su historia pero que podría ir todavía a más.

Nadie, o casi nadie, del entorno del club (dirigentes, jugadores, cuerpo técnico, hinchas, periodistas) se tomó en serio la situación crecientemente comprometida en la que se hundía River. “Es demasiado grande para descender”, “Antes un gobierno decente en la Argentina que River en la B”, “Es imposible que el equipo más ganador de la historia pierda la categoría”, eran algunos de los pensamientos que muchos teníamos cuando se mentaba la posibilidad tan temida. “¡Que viene el lobo, y viene en serio!”, se desgañitaba mientras tanto el pastorcito, pero nadie le hizo caso. Y pasó lo que pasó.

Ahora, cuando la dura realidad marca que el descenso se ha consumado, en Mundo River parecen empeñados en seguir cometiendo los mismos pecados, sobre todo el de soberbia. Son muchos los que dan por hecho que la temporada en el infierno será breve, que se tratará de un puro trámite y que en un abrir y cerrar de ojos estaremos nuevamente en primera luchando por ganar otra vez la liga.

Obviamente el anhelo de todos los riverplatenses es que la estancia en segunda sea brevísima y que dentro de muchos años nos acordemos de ella como si se hubiese tratado apenas de un mal sueño del que únicamente se acordarán nuestros eternos rivales a la hora de las cargadas, y del que nosotros pretenderemos saber casi nada, como quien minimiza una minúscula mancha en un traje de alta costura. ¿Pero en qué se basan para decir, con tanta seguridad, que en 2012 volveremos a jugar en primera división? Jugando como lo ha venido haciendo en los últimos años, River es firme candidato, sí,pero a un nuevo descenso.

Con los antijugadores (son escasas las excepciones. Sólo se me ocurre el chico Lamela) que componen la actual plantilla, River como mucho puede aspirar a evitar el descenso a la tercera división. El primer paso debe ser asumir la realidad y, seguidamente, exigir un saneamiento institucional y la composición de una nueva plantilla acorde para conseguir los nuevos objetivos.

Esto es lo que hizo, por ejemplo, el Valencia C.F. cuando descendió a la segunda división española en 1986. Arturo Tuzón se hizo cargo de un club endeudado hasta las cejas y quebrado anímica y moralmente (igual que River). Tuzón se fijó como prioridad el saneamiento del club y apostó por la cantera para confeccionar un plantel que bajo la dirección de Alfredo Di Stéfano, curiosamente una de las máximas figuras de la historia de River, consiguió el ascenso inmediato a primera.

Sin embargo, la situación de River amenaza con seguir un camino opuesto ya que la luz al final de túnel aún ni siquiera alcanza a atisbarse.

Desde que se concretó ayer el descenso no hace más que venirme a la mente una y otra vez una conversación que tuve hace pocas semanas, y que no deja de inquietarme. Hablaba con James, un inglés de cuarenta y pico de años, dueño de una academia de idiomas en Valencia, padre de 4 hijos, un tipo serio. En un momento nos pusimos a hablar de fútbol y cuando le hice la correspondiente pregunta sobre cuál era el equipo de sus amores en su país de origen, me respondió con una pregunta: “¿Te suena el Leeds United?”. Lo preguntó tímidamente, como dando por sentado que se trataba de un club pequeño del que sólo sus seguidores saben algo. Después de todo el Leeds está en segunda división y hace poco estaba incluso en tercera. “Claro que conozco al Leeds United”, le dije, y no porque sea yo un obseso del fútbol con querencia por los clubes más modestos entre los modestos. Lo conozco porque el Leeds United es un gigante del fútbol inglés al que el descenso y la quiebra lo han llevado a malvivir en categorías menores.

El que fuera en los años 70 el club más poderoso de las islas británicas (comparable a lo que hoy en día es el Manchester United), descendió en la temporada 2003/2004 y seguidamente entró en quiebra por lo que debió vender su estadio y hasta los campos de entrenamiento.

En esa conversación con James, luego de hablar de las glorias pasadas de su equipo y del breve y fallido paso por él del gran Brian Clough, el tipo me terminó diciendo, no sin un tono melancólico, que aún estando en segunda división “seguimos teniendo la mejor hinchada de Inglaterra. Cuando jugamos de local, siempre llevamos 40 mil personas al estadio mientras que los demás equipos cuando juegan en casa no suman más de 5 mil”. Lo miré y pensé “otro que se hizo hincha de su hinchada”. Y de inmediato me recorrió un escalofrío: buena parte de los hinchas de River también ha caído víctima de esa extraña enfermedad por la cual se valora más lo que sucede en las tribunas que lo que hacen los jugadores sobre el césped. En cierta forma esto quizás deba entenderse como puro instinto de supervivencia: viendo el espeluznante espectáculo fubolístico que hemos padecido los aficionados de River Plate en los últimos años, la única opción a la depresión era sentir orgullo por la propia hinchada.

Hoy River es un equipo de segunda. Y el miedo -mi miedo- es que no sepa darse cuenta de ello y siga pensando que su nombre, su historia y su hinchada son suficientes para frenar la caída y conseguir el retorno a primera. Si nada de eso alcanzó para evitar el descenso, ¿por qué habría de hacerlo ahora?

Por decirlo de manera sencilla, River tiene dos opciones muy claras. Aceptar la realidad y con humildad ponerse a trabajar en un proyecto realista y serio, como lo hizo el Valencia a mediados de los 80, o seguir sumido en la soberbia que lo ha llevado hoy a la B y que mañana lo podría convertir en el Leeds United argentino.

Anuncios
Esta entrada fue publicada en Fútbol y etiquetada , , , . Guarda el enlace permanente.

2 respuestas a River en la B. ¿Y ahora qué?

  1. Eduardo dijo:

    Deduzco por tu estilo que sos un argentino con varios años de España en el lomo. Quizá te falte una pincelada de este cuadro actual de River.
    La hinchada de River es la más xenófoba y racista de la Argentina. Hace décadas que su barra brava se divierte insultando a negros, bolivianos y paraguayos. Peor aún: creen que negro, boliviano y paraguayo son insultos, y los usan en sus coros de tribuna.
    Seguramente no todos los hinchas de River son así. Pero nada hicieron para sacarse de encima esa lacra. Se creían tan europeos que hasta toleraban esos skinheads del subdesarrollo.
    Ironía del destino, un equipo de negros y provincianos terminó de sellar su caída.

    • momiallica dijo:

      Para mí lo peor de la hinchada de River (y de todas las hinchadas) es que no son más que un grupo, cada vez más creciente y hasta tolerado, de violentos y criminales. En cuanto a los cantos, es verdad que las letras de las canciones son de una xenofobia y racismo alarmantes, y no sólo los de la hinchada de River. De todas formas, eso me parece lo menos grave. En una cancha se dicen barbaridades que no siempre tienen su correlato en la vida cotidiana. Conozco mucha gente que en la cancha dice las barbaridades más inconcebibles y luego en su vida sus conductas y maneras de pensar son casi irreprochables. Por contra, hay gente que jamás pisó una tribuna y en su día a día, con sus actitudes, demuestra claramente ser xenófoba, homófoba, clasista o racista. Obviamente, tampoco nos vamos a sentir orgulloso de lo que se canta y grita en una cancha, pero más grave me parece lo que sucede fuera de ella. En Argentina, principalmente en Buenos Aires, son muchos los que consideran que ser paraguayo, boliviano o incluso del interior, es un insulto, o suponen que las personas de esa condición son de un nivel inferior. Por supuesto, lo que se grita en las canchas no ayuda a sensibilizar a la gente sobre estos temas, pero pienso que desde los medios de comunicación y, principalmente, desde el colegio y las propias familias, se puede (y debe) hacer mucho más por cambiar estas actitudes.
      A ver si ahora el descenso supone una cura de humildad para River, que buena falta nos hacía.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s