Los informativos como nuevo formato estrella de la telebasura

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La coherencia es un concepto recargado de connotaciones positivas. Prácticamente a diario todos nos llenamos la boca reclamando, exigiendo (siempre a los demás, rara vez a uno mismo) coherencia. Pero lo cierto es que, paradójicamente, la coherencia es más bien escasa en casi todos los niveles de la sociedad.

Ahí tenemos a los políticos que cuando están en la oposición demandan unas cosas y cuando ocupan cargos de poder hacen lo contrario; o ciertos periodistas que antes defendían la profesión, se autodenominaban guardianes de la ética y les buscaban constantemente las cosquillas a los poderosos y hoy se han convertido en meros propagandistas y tontos útiles de quienes manejan el cotarro, todo a cambio de un sueldo más elevado, de un cargo rimbombante o un espacio en la tele o en la radio. También están, clásicos entre los clásicos, quienes edifican ante los amigos una imagen casi idílica de luchadores contra el sistema, de contrarios a la sociedad de consumo y al capitalismo y que luego ante la primera posibilidad favorable mandan al carajo esas consideraciones y se muestran capaces de vender a la madre y traicionar a quien haga falta con tal de aprovechar la primera posibilidad que se presente. Aquello que refleja muy bien el refrán de “donde dije digo, digo Diego”.

El ser coherentes es, sin duda, algo difícil de lograr. Es algo excepcional. De ahí que en este contexto casi siempre la coherencia se vea como algo favorable. Aunque no en todos los casos ser coherentes es bueno. Tenemos, por ejemplo, la programación del canal español Telecinco, que supone una muestra incontestable de coherencia: ofrecen basura en todos los horarios y en todos los formatos. Las series de producción propia, sus muchos y maratónicos talk shows y realities con sus correspondientes “debates”, ejemplifican las variadas formas que la mierda puede adoptar en la televisión. Y sus informativos, como no podían ser de otra manera, siguen la misma línea. Será cuestión de no resentir la imagen corporativa de la empresa.

Sangre, violencia, alarmismo social e informaciones ya no absurdas sino directamente estúpidas conforman los contenidos de los espacios dedicados a las noticias en uno de los canales de más audiencia del país y el que más dinero facturó el último año.


David Cantero. De solvente presentador cuando estaba en La 1, a
nuevo
capocomico de Informativos Telecinco.

Como breve pero suficiente muestra, tres “noticias” que encadenaron de manera sucesiva en la edición de hoy al mediodía: La historia de Nieves, una anciana de 84 años que con su música encantó a sus compañeros de residencia (¡¿?!) y que, según la cronista que realizó el reportaje, “hasta estaría dispuesta a grabar un disco”. Continuaron con la muy relevante historia de una yegua que pasa las tardes en el zoo de Polonia en el que vive, pintando cuadros con los pinceles que su cuidadora le pone en la boca (¡¡¡¿?!!!). Y seguidamente, mostraron una pieza en la que se hablaba de la evolución que ha experimentado el juguete Mr. Potato (¡¡¡¡¡¡¡¿?!!!!!!!) a lo largo de 50 años.

Por si fuera poco tener que soportar tantas estupideces hay que añadir la función que cumplen los presentadores, que con sus tonos de voz, las diferentes inflexiones, entonaciones, mohínes, ademanes y palabras que utilizan dan la sensación de haber padecido recientemente una lobotomía o de no haber superado nunca los 15 años. En lugar de parecerse a los clásicos y solventes presentadores de noticias a los que nos hemos acostumbrados durante mucho tiempo, ahora los conductores se asemejan cada vez más a unos animadores de cruceros por el Caribe en temporada baja, a unos payasos sin gracia que se esfuerzan por parecer graciosos.

Todo esto no hace más que evidenciar de qué manera conciben el periodismo en Telecinco y, sobre todo, qué es lo que realmente piensan de su público y su nivel intelectual. Claro que esta situación ni es novedosa ni exclusiva de los noticieros de Telecinco. Antena 3 y laSexta Noticias se esfuerzan tanto o más por hacer que sus espacios informativos se conviertan en auténticos noticieros de lo insólito. La lucha es dura y pareja. Tanto que no sorprendería que uno de estos días, luego de informar sobre la última medida anunciada por el presidente de Gobierno y de dar los datos sobre la crisis económica, alguno de estos presentadores se largue con aquello de “iban un español, un alemán y un inglés en un avión, cuando uno de ellos…”.


Kent Brockman, nuevo paradigma de los presentadores de noticieros.

Ser gracioso o no ser, esa es la nueva máxima del periodismo televisivo. El rigor, la coherencia, el tino, el sentido y la esencia de la profesión parecen ya no contar.

Es tan lamentable el nivel (por suerte quedan los informativos de La 1, CNN+ y TV3) que hace que uno mire con envidia a Kent Brockman y al noticiero que presenta en Los Simpsons. Por increíble que parezca.

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