Alemania-Inglaterra: del gol fantasma de Hurst al no gol de Lampard

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Cuando escribo estas líneas, han pasado pocos minutos desde que Alemania derrotara a Inglaterra por 4-1 en partido correspondiente a los octavos de final del Mundial de Fútbol de Sudáfrica. Aunque un marcador semejante difícilmente puede ponerse en duda, lo cierto es que el resultado es un poco engañoso.

En la primera parte, casi sin avisar y con no demasiado esfuerzo, los alemanes se pusieron rápidamente en ventaja. En menos de media hora ya contaban con dos goles a favor y parecía que aplastarían a los ingleses. Pero los germanos se echaron para atrás, apostando claramente por el contraataque, y cedieron la iniciativa a los ingleses. Los de Capello no tardaron en lograr el descuento y si no consiguieron el empate fue por la incompetencia, por no decirlo de otra manera, del árbitro y de los líneas quienes no vieron (o no quisieron ver) un clarísimo gol de Lampard.

Un remate del jugador del Chelsea dio en el travesaño y picó alrededor de un metro dentro del arco para volver a salir. Todo el mundo, desde el portero alemán hasta el más fanático hincha de la Nationalmannschaft, supo que era un gol clarísimo. Todo el mundo excepto el árbitro uruguayo Larrionda, quien sin inmutarse ordenó que el juego siguiera.

De haberse consignado, el empate tal vez hubiera dado a los ingleses ese empuje que tan necesario les era y que no mostraron en ningún momento desde que pisaron suelo sudafricano.

El hecho de que el legítimo gol de Lampard no haya subido al marcador compensa, en cierta forma, el todavía polémico gol fantasma de Geoff Hurst en la final del Mundial de 1966. Ingleses y alemanes disputaron aquella final en suelo británico. Ya en el alargue y luego de haber empatado 2-2 en los 90 minutos reglamentarios, un remate del inglés Hurst dio en el larguero y picó fuera de la portería, pero el árbitro, a instancia de uno de los jueces de línea, dictaminó que había superado la línea de gol y lo consideró un tanto válido. Ese gol fantasma hundió a los alemanes que finalmente cayeron derrotados por 4-2.

Hoy el fútbol volvió a demostrar que, aunque tarde, siempre hace justicia. Y es que han tenido que pasar 44 años para que un árbitro se equivocara en favor de Alemania.

Desde hoy el legítimo no gol de Lampard pasa a ocupar un lugar destacado junto a la “Mano de Dios” de Maradona en la galería de afrentas arbitrales sufridas por la escuadra nacional inglesa.

Pero este error, que evidentemente pudo haber cambiado el partido, no exime de culpa a los de Capello. Inglaterra era uno de los grandes candidatos a ganar el título este año. Desde que el técnico italiano se hiciera cargo de la selección, los ingleses solo sabían de victorias y de inercia ganadora. Si a eso se añade que contaban con un plantel conformado por futbolistas de probada calidad en las grandes competiciones europeas, era lógico pensar que se podía esperar bastante de ellos.

La marca Capello, a la que sus principales defensores le han añadido con los años la coletilla de “ganador infalible”, reforzaba la creencia de que por primera vez en mucho tiempo los inventores del fútbol estarían en condiciones de disputar el título.

Claro que al tratarse de un equipo de Capello nadie en su sano juicio podía esperar buen juego. Pero lo que sí se daba por sentado es que sería un equipo muy difícil de derrotar, sólido en defensa, peligrosísimo en las transiciones defensa-ataque y áspero para el rival. Aunque su técnico fuera italiano, se esperaba de Inglaterra que al menos mantuviera las típicas señas de fútbol inglés, las que se suponen debieran ser básicas en su combinado nacional: brío en el juego, solidaridad y entrega sobre el césped, orgullo por la camiseta y sudor, mucho sudor. Justo todo lo que no mostró Inglaterra en su corta estancia en esta Copa del Mundo. No ha sido ni un equipo típicamente de Capello ni típicamente inglés. Sólo un rejuntado de futbolistas de los que se esperaba mucho, tal vez demasiado, y que no han hecho más que llevar frustración una vez más a su afición.

Y de Alemania qué decir. Simplemente que no es tan fiera como la pintan. Tiene querencia por el contraataque y a sus mediocampistas les gusta tirar paredes. Contra Inglaterra le salieron casi todas las veces que lo intentaron, pero da la sensación que su efectividad se debió más a la baja intensidad en la marca y a la mala colocación de los jugadores ingleses, que a un engranaje perfecto de los dirigidos por Joachim Löw. Con quien se enfrenten en semifinales, sea México o Argentina, a buen seguro que no lo tendrán tan fácil. Cualquiera de estos dos equipos, como mínimo, raspará más que los ingleses.

PD1: Argentina derrotó finalmente a México, como ya lo hizo en el Mundial de 2006. Como en aquella ocasión, se enfrentará a Alemania en cuartos de final. Esperemos que esta vez el resultado favorezca a los dirigidos por Maradona. Las dos últimas veces que ambas selecciones se enfrentaron (final de Italia 90, cuartos de Alemania 2006) los germanos cantaron victoria. Pero para cantar, mejor cantar aquello de la Gorda Serra Lima, eso de “…la tercera es la vencida, te lo juro por mi vida y yo no soy de juraaaaar…”.

PD2: Si dejamos afuera a los alemanes y ganamos el mundial, me disfrazo de María Martha. Va en serio.

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