Arsenal-Barça o el fútbol como una de las bellas artes

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Lujo. Cesc persigue a Messi, quien no tuvo una actuación destacada. El césped del Emirates fue la alfombra sobre la que gunners y culés brindaron una exhibición fubolística.

No defraudaron. Claro que no. ¿Cómo podrían hacer una cosa así? El encuentro de ida de los cuartos de final de la Champions League entre Arsenal y Barcelona fue un auténtico placer. Ver el enfrentamiento entre gunners y culés fue como degustar una de esas exquisiteces que pocas veces uno puede probar, pero que cuando lo hace ya nunca más olvida ese recuerdo, ese sabor. En realidad, lo de anoche fue incluso más que eso. Sobre todo los primeros 19 minutos, en los que el Barcelona emuló sobre el impecable césped del Emirates Stadium al ballet del Bolshoi con la diferencia de que sus hombres llevaban botas de fútbol en lugar de zapatillas de danza. En plena semana santa jugaron como los dioses.

De no haber sido por la soberbia actuación del arquero del Arsenal Manuel Almunia, el Barça pudo haber logrado una goleada de escándalo. Lo del equipo español tiene todavía más mérito si se consideran la instancia de la competición, la envergadura del rival y el escenario en el que se jugó. En campo ajeno el Barça jugó como en casa. E incluso mejor. Durante buena parte del partido el balón modelo Finale de Adidas con el que se disputó el encuentro fue propiedad exclusiva de los azulgrana, ayer de camiseta amarillo chillón. El cuero fue un objeto llamativo, extraño y casi inasible para los jugadores del Arsenal, que se desfondaban corriendo inútilmente detrás de él.

El Barça consiguió esto ante un equipo como el inglés que concibe el fútbol justamente a partir del control de la pelota. Acostumbrados a que sean los rivales quienes vean el esférico pasar de un lado a otro sin poder hacer casi nada, ayer los dirigidos por Arsène Wenger recibieron una clase magistral de futbol de toque, pases milimétricos y desmarques prodigiosos.

Durante buena parte del encuentro el Barcelona dispuso de una posesión de la pelota de más del 70 por ciento. Y para nada fue un dominio intrascendente o cosmético. Los chicos de Guardiola jugaron casi todo el tiempo en campo rival, ensanchando y alargando el campo a placer, trazando pases cortos, largos y combinaciones de toda clase, con velocidad, precisión y, sobre todo, mala intención. Llegaban una y otra vez a posición de gol pero la pelota no quería entrar. O mejor dicho, el que no quería que entrara era el portero Almunia, que por momentos pareció tener más de dos brazos.

Pese a encajar dos goles en la segunda parte y de estar al borde del nocaut definitivo, el Arsenal resistió y supo dar buenas muestras de su juego, que en esencia es el mismo que el del Barcelona. Cuando atacaba el Arsenal, parecía que el que lo hacía era el Barça pero con otra camiseta.

Aunque fue duda hasta último momento y estaba muy mermado físicamente, los gunners se encomendaron pese a todo a su líder, Cesc Fábregas. El catalán, formado en la Masía, tomó el timón de su equipo para alejarlo del precipicio al que lo había arrastrado el Barcelona y al que parecía a punto de precipitarse.

Con un casi desparecido Nasri y con Arshavin reemplazado a la media hora de juego, Cesc encontró a sus mejores socios en Edmilson y, sobre todo, en Theo Walcott, que ayer volvió a mostrar su mejor cara, esa que lo convirtió en una de las máximas esperanzas del fútbol inglés. El ingreso en la segunda mitad del veloz delantero fue providencial para el equipo dirigido por Wenger. Hizo un auténtico estropicio por la banda izquierda de la defensa visitante, por donde se coló para anotar el 1-2 y por donde llegaron las mejores aproximaciones del Arsenal al arco muy bien defendido, una vez más, por Víctor Valdés.

El Barcelona pudo haber goleado, terminó empatando y hasta pudo haber perdido. Estos cambios repentinos de situación, que tan perjudiciales son en otros ámbitos como la economía, son los que hacen al fútbol el deporte tan maravilloso que es.

¡Y todavía queda la revancha la semana que viene en el Camp Nou! A Wenger y a Pep habría que declararlos patrimonio de la Humanidad y mostrarles gratitud eterna. La mía la tienen hace rato.

pd: para mí, uno de los momentos más emocionantes de la noche fue cuando Wenger y Guardiola se saludaron antes del inicio del partido. El saludo fue afectuoso y Pep aprovechó para susurrarle algo al oído al alsaciano. Seguramente habrán sido palabras de admiración y agradecimiento. Llevo un buen rato recorriendo diarios y google imágenes, pero no encuentro la foto del momento del saludo. En un mundo ideal, esa foto habría sido la tapa de todos los diarios.

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